Según cuenta la leyenda, el día de su cumpleaños, la prima de una amiga, se acababa de bañar y mirándose frente al espejo decidió tomarse una foto con el celular. Bueno, en realidad se tomó muchas fotos. Le gustaron tanto que decidió subir una, donde aparecía su cuerpo totalmente desnudo y mojado, a un sitio de internet. La tituló “This is how a Mexican girl looks at her 23rd birthday”. Según dicen, ella andaba más horny que de costumbre y esperaba que le comentaran cachondo para ayudarla a conseguir un rico orgasmo. La respuesta fue mejor de lo que pensaba. Más de 100 mensajes en los primeros 20 minutos. Los leyó uno por uno, montada en el descansa brazos del sillón de la sala, con una sonrisa en los labios y el suave frotamiento de su vulva contra la dura superficie.

Para la noche su foto estaba en la página principal del sitio, con una cantidad impresionante de likes y mensajes. Chicos hablando de lo hermosa que era, el tono de su piel, el corte de su pubis, sus curvas, sus tetas y su trasero. Se sentía tan bien por la reacción de la gente que decidió subir una foto más. Tenía que darse prisa porque su novia estaba por llegar al depa donde vivían juntas.

Ajá. Tenía pareja. No es que estuviera haciendo algo malo, porque en realidad no era infidelidad. Además, su cara no se veía en las fotos. Pero tampoco creía prudente confesarle a su pareja lo que estaba haciendo. Por otra parte, lo iba a hacer ese día y nunca más.

Esta vez se acostó desnuda en la cama, boca abajo, con las nalgas en forma de corazón bien paraditas y, aunque le costó un poco de trabajo, consiguió una foto que estaba segura le gustaría a los chicos del internet. La subió a la página con el título “Good night from Mexico City!”. Eso sí, tuvo la precaución de poner su teléfono en “No molestar” para no recibir notificaciones impertinentes cuando estuviera su novia ahí.

Esa noche hizo el amor con su novia y pensando en lo que había hecho y los comentarios que había recibido consiguió uno de los orgasmos más intensos de su vida.

Por la mañana revisó su teléfono y encontró más de 400 comentarios no leídos sobre su nueva foto. Tuvo que esperar hasta subirse al bus que iba en la ruta de la universidad para poder empezar a leerlos. Era un subidón de adrenalina combinado con lujuria. Lo que iba a ser cosa de un día se convirtió en una adictiva necesidad por sentirse así de deseada. Subió más fotos. Muchas más. Fotos tomadas en su apartamento, en la azotea del edificio y hasta en el bus con una teta al aire libre. Fotos sexys todas. Empezó a complacer a sus “fans” tomando fotos en las posiciones que le pedían y ella se la pasaba de lujo leyendo los comentarios que le hacían.

No todo era miel sobre hojuelas. Su pareja empezó a resentir la falta de atención. Entre tantas masturbaciones clandestinas le quedaban pocos animos para tener sexo con su novia. Tuvieron un par de pláticas sobre eso, pero ella simplemente dijo que se sentía agotada por los exámenes de la universidad.

Una tarde su novia la sorprendió tomándose fotos en la regadera. Entre nervios y risas le dijo que estaba planeando enviarle un par de fotos para hacerle saber que esa noche moría por hacerle el amor. Mintió. Cuando estuvo más tranquila lo pensó bien y se dio cuenta que lo que estaba haciendo podría aruinar su relación. Decidió no volver a hacerlo jamás.

Lo hizo al día siguiente. Se tomó fotos y las subió al internet. Una y otra vez. Día tras día. Entre más fotos subía, más comentarios recibía, más “likes” virtuales le daban y más cachonda se ponía.

Una mañana estaba preparándose para ir a la universidad. Entró a la recámara y encontró a su novia con el teléfono en la mano. ¿Y esto?, preguntó. Se había olvidado de poner el celular en silencio, llegó notificación, la novia la leyó y de ahí fue fácil descubrir todo lo demás. Ella se quedó en silencio. No sabía cómo explicar lo que había estado haciendo durante meses. La novia estaba furiosa. Se terminó de arreglar para ir al trabajo, pero antes de irse le dijo que en la noche hablarían, que pensara bien lo que iba a decir porque ella no quería vivir con alguien que le mentía y ocultaba cosas. ¡Menos ese tipo de cosas!

Ese día fue terrible. Ni siquiera leyó los mensajes pendientes. Desinstaló la aplicación del celular. Se fue a la universidad y pasó todo el tiempo buscando una explicación más o menos coherente.

La noche llegó. La novia llegó. Estuvieron un rato en el depa sin siquiera hablarse. Ella preparó quesadillas con jocoque untado. Puso la mesa y esperó. Se sentaron a cenar. Empezaron a hablar. Ella decidió que lo mejor era contarlo todo, así tal cuál se los he contado yo, sin omitir detalles, ni motivaciones. Se sentía culpable, pero a la vez no pensaba que fuera algo tan malo. La novia escuchaba con atención, sin interrumpir. Cuando ella terminó de contarlo todo no se le ocurrió otra cosa que decir: Cena. Se te van a enfriar las quesadillas. Y quizá eso fue lo que más emputó a la novia. Empezó a reclamarle, casi a gritos, que hubiera pasado todo ese tiempo haciendo esas cosas sabiendo que eso afectaría para siempre su relación. Le dijo que si quería que siguieran juntas tenía que dejar ese asunto de las fotos de una vez por todas.

Esta vez ella fue la que se quedó callada. Lo pensó por un momento y luego dijo: No. No lo quería dejar. Eso era algo de ella. No hacía daño a nadie, sino todo lo contrario, era algo que la hacía muy feliz. No se comparaba con hacer el amor con ella, simplemente era algo diferente. No llegaron a ningún acuerdo. Esa noche durmieron juntas, pero no hubo beso, ni buenas noches. La siguiente semana practicamente no hablaron más que para lo necesario. Y, aunque no se lo dijo, ella no subió ninguna foto durante ese tiempo.

Una noche la novia quiso hablar. Hablaron por horas, pero en resumen lo que dijo fue “Si no piensas dejarlo, entonces déjame ser parte de eso. ¿Quieres subir fotos? Espera a que yo llegue y deja que yo te las tome. ¿Te excitan los comentarios? Deja que yo los lea para que me exciten a mí también.”. Obvio ella aceptó de inmediato.

Al principio les funcionó, pero luego pasó algo curioso. Era demasiado excitante el proceso de la sesión fotográfica que terminaban haciendo el amor antes de subir las fotos. Para cuando habían terminado ya había perdido el sentido buscar “likes” virtuales o comentarios de desconocidos. Finalmente pasó la emoción y la adrenalina del exhibicionismo y la chica decidió borrar todas las publicaciones de sus fotos en internet.

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