Era uno de esos días en que todo te sale mal. Me compré uno de naranja porque pensé que nadie podría estar triste con un helado de Roxy en la mano. A la primera lamida se cayó la bola de helado y desesperada me senté en una banca a llorar. El policía de la esquina se acercó y me dijo ‘No llore, negrita. Nadie merece sus lágrimas. Además, con ese culo hombres no le han de faltar.’

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