Lo conocí por el anuncio que puse en la página de contactos. Era casado pero no me importó porque en realidad yo no buscaba nada serio. Intercambiamos algunos mensajes pero no concretábamos nada. Esa noche estaba tumbada en la cama cuando me acordé de él. Le llamé y le di mi dirección. Unos veinte minutos después sonó el timbre del apartamento. Bajé las escaleras para abrirle la puerta y nos saludamos sin decir mucho. Subimos hasta el apartamento en silencio. Era tímido y yo me sentía un poco insegura. Pensé que esto sería más fácil. Le ofrecí un vaso de vodka y nos sentamos en silencio a ver la película que daban en el canal Once. Saqué un porrito pero antes de encenderlo se lo mostré para ver si quería y con la mano me dijo que no. Lo encendí y le di unos cuantos toques. En la tele pusieron comerciales y nosotros nos miramos sin decir nada. Con la palma de la mano dio unos golpecitos al sillón como diciendo ven, siéntate aquí. En lugar de sentarme a su lado me monté sobre su regazo, mirándolo de frente. Me jaló de la cadera para darme un beso que recibí con pasión. Puso ambas manos en los costados de mi cabeza y me alejó para ver mejor mi rostro. ‘Preciosa’, dijo y me acercó nuevamente para seguir besándome.

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