Llego tarde a mi apartamento. Está muy oscuro. Le doy al apagador pero no se enciende la lámpara. Intento de nuevo. Nada. Quizá se fundió el foco. Dejo mi bolso en la mesa y tiro los tacones estirando las piernas. Me quito el sostén. Placer de Dioses. Estoy un poco mareada. Camino a tientas hasta mi habitación. Al fondo del pasillo se ve un ligero rayo de luz que sale por debajo de la puerta. No recuerdo haber dejado la luz encendida. Abro la puerta y me quedo paralizada. Una anciana está acostada en mi cama. Totalmente desnuda. Su piel está muy arrugada y le faltan algunos dientes, pero lo más impresionante son sus ojos totalmente blancos. Cuando siente mi presencia, levanta la cabeza, me mira y grita ¿Qué haces en mi casa? Me encierro en el baño. La escucho caminar de un lado a otro. El teléfono móvil se quedó en mi bolso y no me atrevo a salir. Cuando amanece ya no la escucho. Espero un par de horas hasta estar segura. Salgo del baño y ya no está por ningún lado. Mario dice que el ácido me hizo alucinar. Quizá, pero el terror fue real.

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