Abres los ojos y no reconoces el lugar. Te das cuenta que has muerto. Todo está muy oscuro, sólo ves sombras y tinieblas. ¿Qué es esto? ¿El cielo? ¿El infierno? Sientes ansiedad. ¿Cómo llegué aquí? Los recuerdos llegan por millón. Moriste violentamente. Ahora lo sabes. Fue esa persona que antes te hizo daño durante tanto tiempo. Ahora lo sabes. Sientes pasos. Escuchas una voz. Abres grandes los ojos. ¿Quién anda ahí? Sabes la respuesta. Puedes sentirlo. Es esa persona. La misma persona. ¿Qué hace aquí si ya me mató?

Te levantas del suelo y corres con los brazos extendidos al frente por si te tropiezas con algún obstáculo. Te alejas de donde proviene el sonido. Cuando no te queda más aliento te detienes. Escuchas una voz angustiada, su voz. Perdóname., dice. Está cerca de ti. ¿Qué es esto? ¿Quiere que le perdone? ¡Es una trampa! Me quiere matar otra vez.

Corres hasta que no puedes más. ¿Estoy en el infierno? ¿Pasaré la eternidad con este miedo? Te convences a ti misma que siempre fuiste buena persona. No la mejor persona, pero tampoco la peor. Te aprovechaste algunas veces de una que otra situación, pero quién no lo hace ¿Cierto? Piensas que son más las cosas buenas que hiciste que las malas. No debería tocarte este castigo. No deberías estar viviendo este infierno. Quizá no. Quizá no es el infierno. Quizá es el purgatorio. Quizá tienes que hacer algo para acceder a Dios. ¿Qué? ¿Qué es lo que tengo que hacer?

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